El gobierno español decide cerrar los cofres a finales del mes de Julio, esto quiere decir que manda a sus científicos y tecnólogos a recorrer mundo con una mano delante y otra detrás.
El que suscribe sale de Mad, llega a Hensilki, sobrevuela Rusia y aterriza en Japón cuando el sol ya ha nacido. Algo estresado por tener que cambiar de aeropuerto en Tokyo, consigue efectuar el tránsito sin problema. Llega a Haneda y allí se dedica a dar vueltas por los pasillos del aeropuerto, rodeado de japoneses por todas partes, hasta que embarca en el vuelo que le conducirá a Misawa. En Haneda le da tiempo a probar el invento japonés definitivo, el wáter con chorro.
Misawa, aparte del aeropuerto civil, tiene una base militar japo-estadounidense. La terminal es minúscula y cuando salgo me esperan los del coche para llevarme a la agencia. Un simpático señor me cambia el GPS al inglés, carga mi destino y, tras un rato que se me hace relativamente largo porque lo de conducir por la izquierda me resulta raro, aparezco en el Hotel Rich, en Rokkasho, donde pasaré las próximas 8 semanas.
Estoy incomunicado, así que me meto a cenar y cuando estoy terminando aparece el doctor P, que lleva aquí dos meses con la familia, a interesarse por mi estado de salud. Aprovechan de paso para mostrarme el pueblo y su centro comercial, donde compro unas chuches japonesas que están muy ricas y que todavía no sé cómo se llaman. A la mañana siguiente, me reúno con el resto del destacamento español y nos vamos a las instalaciones donde se está montando el acelerador LIPAc. Allí me reencuentro con el señor M y el señor K y, tras las primeras presentaciones y un breve curso de seguridad a cargo de K-san, obtengo la tarjeta identificativa. Ya puedo trabajar.
En fin, que se termina la primera semana. De momento, me voy acostumbrando a tomar arroz blanco en desayuno, comida y cena y ya casi no le doy a los limpiaparabrisas cuando quiero poner el intermitente. Descubro también que el relativo buen tiempo que me ha acompañado los primeros días es la excepción más que la norma. Que amanece prontísimo y que a las siete ya es de noche. Y que se ven un montón de bichos en los lagos que jalonan la zona. Si además de todo eso, nos funciona el acelerador, apaga y vámonos.


1 comentario:
Use su pepino para cazar fotográficamente a esos bichos laguneros. Cuidado, el arroz estriñe.
Publicar un comentario