La semana transcurre entre llegadas de antiguos colegas que se vienen a trabajar aquí y la salida de otros que se vuelven a España tras su misión japonesa. Entre pitos y flautas nos plantamos en el viernes después de descubrir que el 19 y el 22 de septiembre son fiesta en Japón: el día de los ancianos y el equinoccio de otoño, respectivamente. Así no hay quien termine un acelerador, hombre, con tanta fiesta. El viernes por la tarde encuentro un folleto en inglés en la sala de la máquina de bebidas sobre los encantos naturales del pueblo en el que resido temporalmente,
Para llegar a Rokkasho (六ヶ所村) desde Misawa (三沢) se sigue una carretera que va siguiendo la costa, aunque el mar casi no se ve nunca porque hay un bosque en medio. En la zona hay varias marismas permanentemente inundadas y justo antes de llegar a Rokkasho se cruza el puente que pasa sobre la marisma Obachi. Ahí se ve siempre algún bicho: gaviotas indeterminadas, garzas que podrían ser reales o no y garcetas grandes o similares. Algunas especies, como el milvus migrans, son aquí las mismas, mientras que las tórtolas, parecidas a la europea, son de la especie streptopelia orientalis y los cuervos parece ser que son cuervos picudos, o corvus macrorhynchos.
La carretera 338 sale desde Rokkasho hacia el norte. Al final de lo que es el término municipal está el cabo Monomi, con su faro y con sus vistas de los acantilados cercanos. Supuestamente, también hay una cascada que cae directamente al mar pero que no somos capaces de encontrar. Rodeando al cabo y descendiendo hacia el puerto cercano, hay unas cuantas casas y varios edificios de actividades varias portuarias. También hay un montón de gaviotas y de cuervos.
Para terminar la ruta del día, visitamos el templo budista de Osorezan. El templo está a la orilla de un lago, rodeado por montañas y con varias surgencias de aguas sulfurosas que hacen las delicias de nuestras pituitarias. Alrededor del templo, hay varias estatuas de Buda, de tamaños diversos, a las que la gente deja comida, bebida, dinero o unos molinillos de colores. Encontramos un grupo de unos diez turistas americanos, los primeros guiris que vemos por aquí, aparte de nosotros mismos.
En fin, que se termina mi segunda semana de estancia en Japón. Sigo sin echar de menos la comida española, ni siquiera el queso. No sé cómo me readaptaré al desayuno que llevo tomando toda la vida y no sé si echaré mucho de menos el arroz cuando vuelva a Mad. Ya veremos. En próximas conexiones continuaré informando del desarrollo de los acontecimientos en mi misión japonesa.
1 comentario:
Hola, he recuperado tu blog pero se me ha clausurado el Skype. Me dice que tengo que abrir una cuenta pero ignoro como se hace. Estoy a la espera de que personas bien informadas y dispuestas a enseñar al que no sabe, me presten ayuda.
seguro que todo lo que vivas te hará más rico.
3000 besos de la ex-vecina
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