Me escapo un rato de la urbe y me voy por ahí a ver cosas. Bajo del autobús y camino un rato por una pista entre árboles hasta el embalse. En un poste está posado un milvus migrans y a mi alrededor pegan saltos entre las ramas un montón de parus major. Una vez al lado del agua, veo un bicho dando vueltas. Lo fotografío para acordarme de él y resulta ser un charadrius dubius. No está mal para empezar.
En la orilla de enfrente veo un bicho grande. Lo veo con los prismáticos, porque ya se sabe que para fotografiarlo en condiciones necesitaría un pepino más gordo. En fin, el bicho grande, una ardea cinerea, en un momento dado se queda parado al borde del agua mirando algo fijamente. Miro yo también y veo una mamá pata, sin determinar, con un montón de patitos nadando a su alrededor. La pata mira a la ardea, la ardea mira a la pata, y en un momento estira la cabeza, pilla un patito con el pico y sale volando perseguida por la madre pata. Mientras me planteo qué haría yo si fuera madre pata (proteger a los patitos restantes o intentar rescatar al patito secuestrado) la ardea se sube a un árbol a comerse el patito. La pata vuelve con los patitos supervivientes.Yo me quedo traumatizado por el horrendo espectáculo de la lucha por la supervivencia en la naturaleza y me vuelvo a la ciudad a comerme un filete por el que no he tenido que mancharme las manos de sangre.
16 de junio de 2015
5 de junio de 2015
La masa
Hacemos una pausa cuando parece que llegamos ya a nuestro objetivo. No nos hemos cruzado con mucha gente: un señor sólo y un grupo de ciclistas en plan mad max de los que se dedican a tirarse por toda trocha que encuentran en el monte. Se lo digo así a A, que qué suerte poder encontrar aún sitios tranquilos y despejados de gente en la sierra. En cuanto reanudamos la marcha, aparece de repente un grupo de unas veinte personas, en lo que parece una excursión organizada. Una vez llegados, nos acompañan seis vacas y, brevemente, un señor con una gorra roja que ha llegado de no sabemos dónde y se baja por el camino por el que hemos subido nosotros. No hay manera de escaparse de la masa. Puede decirse que nosotros también somos masa y que por mucho que intentemos considerarnos individuos, masa somos y en masa nos convertiremos.
Comemos un poco mientras las vacas pastan tranquilas a nuestro alrededor. Después de un rato, emprendemos la bajada y la masa, al menos por unas horas, abandona este idílico rincón.
P.S. Más masa en esta simpática lectura.
Comemos un poco mientras las vacas pastan tranquilas a nuestro alrededor. Después de un rato, emprendemos la bajada y la masa, al menos por unas horas, abandona este idílico rincón.
P.S. Más masa en esta simpática lectura.
9 de mayo de 2015
Roma
Mi fratello y yo le regalamos a la mamma un viaje a Roma. El alojamiento es caro, está todo petado y, encima, el viernes es fiesta y está todo chapado y lo que no está chapado está petado. Menos mal que en una plaza encuentro este simpático cartel sobre la fauna cittadina y me alegran el viaje. También me lo alegran los passeri que vienen a por las migas del desayuno en la terraza del hotel, pero como no me subo la cámara a desayunar, no quedan inmortalizados.
Los que sí quedan inmortalizados, son los storni, que a diferencia de los que vemos en Mad, son de la especie vulgaris, y no de la unicolor. En este caso, los vulgaris son más bonitos, aunque hay que reconocer que el negro es más sobrio. En fin, ya se sabe que normalmente se aprecia menos lo que se tiene en casa.
Para que no se diga que no hay fotos de ningún monumento, aquí el gabbiano reale ( mucho más pomposo que gaviota patiamarilla ), posa para la multitud con una cúpula al fondo. Si un bicho de este tamaño os pide comida, dádsela.
Por último, a diferencia de las cornacchie europeas occidentales o corvus corone, que son negras del todo, la cornacchia grigia o corvus cornix, es bicolor. Al igual que los gabbiani, compiten por la atención y los bocadillos de la masa de turistas. En Mad, los córvidos más urbanos son las pica pica y las corvus monedula, pero en Roma se ven cornacchie: las otras especies no asoman el pico.
Para que no se diga que no hay fotos de ningún monumento, aquí el gabbiano reale ( mucho más pomposo que gaviota patiamarilla ), posa para la multitud con una cúpula al fondo. Si un bicho de este tamaño os pide comida, dádsela.
Por último, a diferencia de las cornacchie europeas occidentales o corvus corone, que son negras del todo, la cornacchia grigia o corvus cornix, es bicolor. Al igual que los gabbiani, compiten por la atención y los bocadillos de la masa de turistas. En Mad, los córvidos más urbanos son las pica pica y las corvus monedula, pero en Roma se ven cornacchie: las otras especies no asoman el pico.
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